
Cada día, lenguas dejan de hablarse.
Paisajes sonoros desaparecen.
Formas enteras de comprender el mundo se pierden.
El sonido es mucho más que aquello que escuchamos.
Es un registro vivo de cultura, memoria y territorio.
Preservarlo se ha convertido en una responsabilidad cultural urgente.
El sonido como memoria, territorio y archivo vivo.